Lluvias extrañas, El Libro de los Condenados.


Charles Hoy Fort (1874-1932), fué un investigador norteamericano que poseído de vaya a saber uno que ineludible afición, dedicó su vida a la recopilación de hechos extraños, documentados, a lo largo y ancho del planeta. Todo lo que apareciera en algún medio , era de inmediato escrutado y analizado por la prodigiosa mente de este singular personaje para ser catalogado y trás ello, agregado a su amplio registro que alcanzó a albergar más de 60.000 entradas donde convivían en disímiles categorías hechos aberrantes, carentes de alguna explicación medianamente racional y que, muchos de ellos, por no decir la mayoría, permanecen en ese estado hasta ahora pese a los avances del conocimiento y tecnología.

El compendio de todo esto pasó a formar parte de su más famosa obra, reconocida eso si sólo a nivel de aquellos buscadores de lo bizarro y estrafalario: “El Libro de los Condenados”, que en realidad era un engendro en continuo proceso de ampliación con más y más acápites.

Así fué que un amplio dossier lo pasó a conformar un hecho que aún en nuestros dias, sigue aguijoneando la mente con su implacable inaccesibilidad: Las lluvias extrañas.
En efecto ¿Qué más extraño podría ser una lluvia de ranas?, ¿ o de cruces?, ¿o de monedas, serpientes, antiguos sellos chinos, peces, sangre, insectos, algodón, aceites y sustancias de los más diversos tipos?.
Y no hay que pensar que este tipo de hechos incordiantes sólo ocurrían hasta hace unas décadas y que por lo mismo, la ignorancia o desconocimiento los dejaban en el cajón de lo inexplicado.
Asi, en el estado de Florida, E.E.U.U, en el verano de 1969 ocurrió una lluvia de pelotas de golf (si, pelotas de golf), cuyo orígen podría atribuírse al Huracán Camille, uno de los más destructivos en la historia de ese país. Pero la pregunta que salta de inmediato es ¿Por qué sólo pelotas de golf y no otras cosas, además de aquellas?.
En la mayoría de los casos, los científicos optan por hacer algunos malabarismos dialécticos y culpar de estos fenómenos a poderosas corrientes de are que succionan todo tipo de objetos, animales incluídos desde un lugar, para dejarlos caer en otro. Bien, concedámosles ese punto.
Pero, cómo explicar racionalmente la caprichosa selección de estos ciclones chupadores empeñados en dejar caer sobre una zona determinado tipo de cosas o fauna. ¿Por qué, ese fenómeno sólo levantaría de un lago sólo los sapos o peces, si arrastrar consigo además agua, algas, , barro o alguna otra especie habitante del mismo?
Ahora, si queremos darle una vuelta más a la tuerca de la extrañeza y dejar sin sustento la explicación docta, la mayoría de las veces de la ocurrencia de una lluvia de peces o anfibios, no hay en las cercanías un curso de agua o laguna y ningún huracán o tromba ha sido registrado ni ese ni en días previos.
Una explicación, no menos freak que el hecho que intenta aclarar, es que serían bromistas que desde un aeroplano se dedican a arrojar la más variada gama de cosas sobre las cabezas de despreocupados ciudadanos.
Pero, entonces,¿ cómo racionalizar con aquello la lluvia de cruces ocurrida sobre un pueblo de alemania en 1503 , al no existir en esa época un artilugio capaz de transportar a los supuestos bromistas con su carga?
No hace mucho, 2008, en Taperal de Beniganim, España,llovieron peces y pequeñas ranas; y en Colombia, poblado de Chocó, una lluvia de sangre -según se sostiene confirmada con exámenes forenses- marcó la mañana de sus habitantes el dia 1 de Agosto.
Hay demasiadas cosas sin tener tan siquiera un asomo de lógica y por lo mismo, siempre habrá un espacio para el inefable Charles H. Fort., de quien ya hablaremos en otra oportunidad cuando le toque el turno a los criometeoritos.
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2 respuestas a Lluvias extrañas, El Libro de los Condenados.

  1. almaes dijo:

    Estimado Kurilonko’s, pertenezco a esa parte de la humanidad que si no ve no cree, y algunas veces desearía ser diferente, tener fe en algo aunque no lo pueda ver con mis propios ojos, porque indudablemente alguna explicación sea o no científica deben tener los sucesos que narras en tu post. Los humanos, a pesar del tiempo que llevamos sobre esta Tierra apenas empezamos a andar. Lástima no poseer el don de la inmortalidad para averiguar todos esos misterios que quedarán sin descubrir para nosotros. Y sobre todo lástima no poder contemplar un mundo mejor en el que todos los seres seamos como hermanos. Ahora parece un imposible pero de todos nuestros errores muy futuras generaciones aprenderán que estamos en este mundo para ser felices o al menos para no ser infelices.
    Un abrazo

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    • Gracias por tus palabras, apreciado Almaes, siento que cojeamos más o menos del mismo pié.
      Ocurre que hace muchos años, cayó a mis manos el excelente libro de Pauwels y Bergièr “El retorno de los Brujos”, lo he leído infinidad de veces porque, a pesar que fué escrito hace más de 3 décadas, la actualidad de lo allí expuesto, no deja de maravillarme. Ahí, los autores dedican un capítulo completo a Charles Hoy Fort, insigne cazador de hechos extraños a más no poder. Y claro, no he podido sustraerme al asombro. Porque, creo que independientemente de si uno quiere o no creer, tener o no tener fé , nunca debería perder la capacidad de asombrarse. Y este mundo en que nos ha tocado vivir, Almaes, está pecando de ello: las brutalidades, ignominias,traiciones, en fin, el lado oscuro de nuestra Humanidad mostrado a todo color gritándonos desde el fondo de una pantalla o las páginas de un periódico han superado nuestra capacidad de asombro. Casi siempre la realidad supera a la ficción. Es cosa de mirar a nuestro alrededor. Y es triste y deplorable que así sea. También soñé y creí que este planeta algún día sería un buen lugar para vivir y crecer y ya veo (vemos) en cómo vá la cosa.
      Ahora bien, el explicar o al menos tratar de hacerlo desde la perspectiva que elijamos o podamos, muchas veces nos pone en la disyuntiva de si esa explicación no será más bizarra que el hecho explicado.
      Hace unos días leí un artículo en que se mostraba a un alce vivo, colgando del tendido eléctrico. El autor planteaba como ejercicio, que el lector se explicara cómo había ocurrido tal incordio. Y se podía imaginar cualquier cosa, empezando que unos ociosos se dieron el trabajo de encaramarlo hasta allí, y por otras tan peregrinas como aquella. ¿La respuesta?, unos operarios estaban haciendo el tendido de esos cables y para ello los dejaban en el suelo hasta que extendían varios centenares de metros y luego con una máquina los tensaban. Para mala fortuna, el animal justo en ese momento pasó por ese lugar y fué enganchado por la cornamenta e izado hasta el tope del poste. La explicación le quitó toda la magia al asunto pero no por ello dejó de ser asombroso.
      No tengo la respuesta acerca de las lluvias de distintas cosas que han caído desde arriba, tampoco intentaré dilucidarlas, soy solamente un cronista que en un momento dado, quiso compartir aquello con quien quisiera asistir a ese banquete de rarezas como la señalada. Tal vez, el dejarlas sin una resolución certera, sea lo mejor. Mal que mal, como te decía, el maravillarse ante un hecho singular es lo que nos aparta aunque sea por un momento del tráfago en que estamos inmersos.
      Si, tienes razón, tenemos el derecho a ser felices o por lo menos intentarlo.
      Recibe un gigantesco abrazo desde el fin del mundo.

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Exprésate, opina; esa es la idea, con una salvedad: si quieres trolear vé a otro lado.

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