Sobre el Terremoto del 27 de Febrero, en Chile.


Anoche, mientras escribía a mi amigo Almaes , ha temblado nuevamente y por enésima vez desde el 27 deFebrero acá en mi país, Chile. Ha sido un movimiento sin trascendencia porque trás la experiencia del Gran Terremoto de Febrero, cualquier temblor no califica, por lo menos en mi casa,para salir a la desbandada buscando un refugio inexistente, dado que en todas partes tiembla.
Como tengo la impresión que quienes me leen en este blog, no saben lo que es un terremoto y tampoco tienen el conocimiento de lo que se siente al estar en medio de uno de ellos, es que les traigo esto que escribí unos dias después de ese acontecimiento. Traté de ser lo más fidedigno en cuanto lo que ocurría conmigo y mi familia en ese apurado trance, y sinceramente deseo que a ninguno de Uds. les toque.
Como un segundo epílogo, debo agregar que mi hijo, Guingui, está superando el trauma que significó enfrentarse a la fuerza destructiva de la naturaleza pero aún así, ocasionalmente el ruido de algún vehículo que pasa por la carretera en la noche lo impulsa a salir de su dormitorio y buscar refugio en el nuestro.

Como declaración de principios y para entrar en terreno, debo aclarar que ya tengo en el cuerpo cuatro terremotos importantes: uno ocurrido en el ’68 alrededor del mediodía; otro el ’70 cerca de las 23.00; el de 1985 que derribó la casa que habitábamos con mis padres y este, del 27 de Febrero, lejos el más fuerte,  potente, ruidoso, destructivo e inoportuno que he vivido.

La noche del día 26, por razones del trabajo que tenía hasta hace unos días (ver Cruel ironía…), llegué a casa alrededor de la una de la madrugada con el panorama de levantarme a las seis para estar en mi puesto a las siete. Hasta ahí todo bien.

Vivo en una casa de madera, pequeña, con un buen patio trasero y antejardín. La ocupamos mi pareja, mi hijo de ocho años y yo. Nuestro dormitorio está contiguo al de él y ambos desembocan a la sala de estar, ésta al comedor y de ahí al patio trasero.

Cansado, después de comer algo, me fuí a dormir.

En eso estaba cuando siento un leve codazo en el costado y mi mujer me dice ” está temblando…”, siento el ruido , enciendo la luz y me levanto para ir al dormitorio de mi hijo que ya se estaba despertando. Le hablo :”Vamos Guingui, temblor”. El me mira amodorrado aún y me sigue a tropezones hasta el living.

A estas alturas, un minuto de comenzado, nos dimos cuenta por el ruido y el movimiento que no era un simple temblor sino algo mucho más grave.

Viene lo que creo fué el primer empujón fuerte-fuerte, que movió la casa desde los cimientos hasta el techo y de ahí en adelante un ir aumentando la potencia del movimiento y el ruido. El ruido que  paraliza y aumenta hasta el máximo el temor y la certeza de que puede ocurrir cualquier cosa, incluso las más graves que pueden pasar por la cabeza. Más ruido, más movimiento. Era complicado mantenerse en pié, estábamos los tres abrazados, apoyados en el umbral de la puerta que lleva desde la sala al comedor, el piso se movía, balanceaba como si estuviéramos parados en un bote en medio de un temporal. Empiezan a caer cosas que estaban en alguna repisa y entonces…la lámpara que cuelga del techo da unos chispazos y quedamos a oscuras. Se corta la electricidad. Es aterrador. Sentirse totalmente inerme, indefenso, privado de la visión, adivinando que esto que está pasando es realmente grave.

En ese momento, me doy cuenta que estamos atrapados, que tal vez me había equivocado al no salir o tratar de salir al patio trasero y que ya era tarde para hacer otra cosa más que abrazarnos con mi gente, apretándonos para no rodar al suelo. Más ruidos se mezclan con el ruido propio del terremoto: nuestras cosas que empiezan a caer, el refrigerador que se abre arrojando su contenido al piso, el televisor, computador, en fin todo lo que estaba sobre algún mueble, al suelo. Cosas de loza o cristal estrellándose hechas añicos, más ruido y el movimiento que parecía no ir a acabar nunca. No tengo idea de cuánto tiempo ha transcurrido. Siento como mi hijo tiembla abrazado a mí, sin llorar. El empujón postrero del sismo, se escucha caer la muralla que separa nuestro patio con el del vecino, los vidrios de las ventanas vibran y crujen, caen unos cuadros que colgaban de las murallas, el mueble-despensa se vá de bruces y queda apoyado en la mesa del comedor, lo que no había caído lo hace, mas cosas rompiéndose en el suelo ( ahora mientras estoy escribiendo, ha comenzado a temblar, justo en este momento..), Ybag, mi compañera, está apretada junto a mí, los tres compartimos acaso un metro cuadrado, sin hablar, no decimos nada, solo escuchamos y sentimos la potencia increíble del fenómeno. Ya parece que todo pasa…pero no, continúa inexorable.

Ahí es cuando escucho la voz temblorosa de Guingui: “Nos vamos a morir?”

Jamás una frase tan corta había calado tan profundo en mí. Aún ahora no puedo dejar de sentir algo indescriptible cada vez que la recuerdo y la interiorizo. Es ciertamente terrible escuchar a tu hijo de ocho años formular semejante cuestión en medio de una situación en que nuestras vidas quieras aceptarlo o no, están en riesgo y tu no puedes hacer nada contra algo que te supera por donde lo mires.

“No, Guingui, no lo permitiremos”, contesta con voz entera Ybag.

“Tengo miedo, que pare, hazlo parar…”, replica.

Mi impotencia no tiene límites, no puedo hacerlo parar, y no sé que más podría decir.

Tras lo que parecen horas, el movimiento termina pero no así el ruido. Ahora desde la calle llega el sonido de las alarmas de los automóviles del vecindario.

Empezamos a coordinarnos, estamos descalzos y sabemos que a nuestro alrededor hay muchos restos de vidrios. Comenzamos a pensar. Necesitamos luz, en primer lugar.

Guingui recuerda que (lo que son las cosas, me convenzo que nada es casual, esa misma tarde él había estado incordiando para que le compráramos una pequeña linterna que había en una tienda cercana a nuestra casa) después de jugar con ella acostado, había dejado la linternita metida entre el colchón de su cama. Voy, la rescato , la enciendo y ahí comenzamos a ver la magnitud de los destrozos al interior de nuestro hogar. Indescriptible.

EPILOGO.

Luego de ello, al cabo de algunos dias con constantes réplicas, ya estamos más organizados.

Tenemos nuestro “sitio de seguridad” que es bajo la mesa del comedor. Y un maletín, con todo lo necesario: linternas, radio portátil, pilas, botiquín, velas, encendedor. A este maletín, mi hijo le puso un letrero: “Bolso de Arrancar”. Y eso es, ni más ni menos. Acertadísimo el nombre en todo caso.

Además del Bolso de Arrancar, tenemos botellas de agua y comida enlatada. Hemos asumido que mientras vivamos acá, debemos tener claro que esto volverá a ocurrir y que no podemos hacer nada para cambiarlo.

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4 respuestas a Sobre el Terremoto del 27 de Febrero, en Chile.

  1. almaes dijo:

    Kurilonko, lo has explicado tan bien, tan detalladamente que mientras leía tu artículo creía estar viendo un documental sobre terremotos. Entiendo lo fuerte que debe se vivir esa angustia. Ojalá no vuelva a ocurrir y podáis los tres vivir felices para siempre. Ese es mi deseo, amigo.almaes

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  2. kurilonko dijo:

    Gracias amigo Almaes, como lo dije en mi artículo, es una experiencia fuerte; afortunadamente tengo una familia que en situaciones como la descrita, no pierde el control y funciona en la dirección correcta.Recibe un abrazo.

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  3. kurilonko dijo:

    Gracias amigo Almaes.Ciertamente esa fué una experiencia fuerte, sobrecogedora.Afortunadamente para nosotros,entendiendo que vivimos en un país sísmico, hemos podido desarrollar una conducta acorde con lo que se espera y actuar de la manera más segura posible en esos trances. Tratamos de inculcarle esa actitud a nuestro hijo, es lo más sano.Recibe mi afecto.

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  4. Pingback: EL SER POLÍTICO: ¿Qué es lo que nos hace tomar este sendero y no el otro? ¿Derecha o Izquierda? « HEMISFERIO DERECHO

Exprésate, opina; esa es la idea, con una salvedad: si quieres trolear vé a otro lado.

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