Marihuana: Despenalización y Autocultivo.


Normalmente, cuando se habla de Marihuana, la mayoría de las personas arrisca la nariz y muchas de ellas prefieren mirar hacia otro lado, escudándose en la falsa seguridad de que “eso” tal vez no sea problema de ellas. Craso error.

Este es un tema que quierámoslo o no,  está presente de manera transversal en la sociedad. Ya no es sólo tema o patrimonio de una delimitada clase social o lugar de residencia.

El problema se presenta cuando comenzamos a analizar este tópico desde la perspectiva de las libertades individuales; en efecto, si el Estado y sus agentes reconocen y permiten que yo persona, tengo derecho a drogarme con alcohol hasta la bestialidad si me apetece, ¿Cuál es la razón práctica, real, por la cual drogarme con Cannabis, me sea vedado?¿Qué se pretende proteger?¿Mi salud? Si fuera por esto último, el ente indicado sería el que está a cargo de las políticas públicas de sanidad y no  la Ley, sus órganos y agentes. Es estúpido pretender que encarcelándome el Estado este velando por aquella.

El drama está en el doble estándar que se aplica para tratar a dos drogas (Si, porque el alcohol, lo mismo que el cannabis, ¡es droga !), demonizando y achacándole todos los males a ésta y, aunque reconociendo los daños que produce a todo nivel y en todo orden, a la otra simplemente se la deja intocada.

Pero, lo que nos reúne ahora no es discutir por enésima vez si tengo o no derecho a fumarme un cuete (faso,porro,peta), y si produce o no adicción. Ya expliqué mi postura en el post titulado “Si, yo fumo marihuana…, y qué?”, y creo que darle más vueltas al asunto es inoficioso. Lo que me trae a exponerles mi inquietud es algo que constantemente se debate: Legalización, despenalización, autocultivo.

Imagino que a estas alturas del partido ya todos deben tener claro que cuando se instauró la Ley Seca en los Estados Unidos, en pro de una visión puritana de esa sociedad, lo único que se consiguió fue abrir un flanco por el cual se colaron las incipientes mafias que en el mercado negro de ese producto vieron la oportunidad de hacer cantidades impresionantes de dinero. Y lo consiguieron. Pero, respecto al fin perseguido con la instauración de esa política,¿ Se consiguió al menos algo? La respuesta es un rotundo no. De hecho la droga que más se consume a nivel planetario, socialmente aceptada, sigue siendo el alcohol.

Pero, yo no abogo por la legalización de las drogas en general y de la marihuana en particular. No. Sólo me interesa  discutir sobre la despenalización del consumo y el autocultivo del Cannabis. Nada más que eso, para empezar.Teniendo muy claro eso si, que el tráfico, aunque se nos permita tener un par de plantas en el patio trasero, no terminará, principalmente porque habrá muchos que por no tomarse el trabajo o por no tener dónde, preferirán comprar a cultivar.

Analicemos el tópico, comenzando por intentar develar del por qué fué prohibida.

¿Qué tienen en común las velas de las naves fenicias, sus cordajes y los lienzos usados en sus obras por artistas como Van Gogh y Rembrandt? ¡ Estaban hechas con la fibra de la planta de cannabis!

Debemos tener presente que tal planta fué profusamente utilizada en la antigüedad, ya que se han encontrado tejidos datados en unos 8.000 años y que 1.000 años antes de Cristo uno de los cultivos mas extendidos era el de cannabis. ¿Por qué?. Básicamente porque del cannabis prácticamente todo es aprovechable. En efecto, de esa fibra vegetal se fabricaban telas, cordeles, aceites para alumbrarse, incienso y medicinas. Sin obviar, por supuesto el uso sicotrópico practicado por los sacerdotes o chamanes que por medio de la ingesta conseguían estados alterados de conciencia en la búsqueda de comunicación con la Deidad. En épocas históricas, por otra parte, además de lo anterior se descubrió que con sus fibras podía fabricarse papel y así, comenzó una industria que, a la larga iba a significar su puesta en la lista de las sustancias prohibidas, pero no por lo pernicioso de su uso, sino por algo puramente economicista: Intereses creados, en pocas palabras.

Antes que los Estados Unidos de Norteamérica adoptara tal nombre, en 1619 en la recién creada Colonia de Virginia, vió la luz la primera de las leyes que hacen mención al cannabis: se “ordenaba” a los agricultores incrementar la superficie de sus tierras destinadas a este cultivo por la importancia que iban adquiriendo los productos, especialmente telas, lonas y cordeles, que de ella se podía obtener. Fué Benjamín Franklin quien ideó y construyó la primera fábrica de papel utilizando esta planta, contribuyendo de ese modo a liberar a la incipiente nación de la dependencia de Inglaterra, desde donde era importado el papel que utilizaban las imprentas locales.

¿Podría decirse que George Washington y Thomas Jefferson eran unos drogadictos desenfrenados, peligrosos para la sociedad porque en sus plantaciones se cultivaba marihuana? No.

Los preparados medicinales elaborados como elíxires, aceites escenciales, tisanas, etc. hasta 1890, eran los más recurridos por los médicos de la época, quienes habían descubierto a base de la experiencia que éstos preparados eran muy útiles en el tratamiento de diversos dolores, asma, tos, molestias y calambres causados por la menstruación, reumatismo, migrañas, fatiga. Posteriormente en el siglo XX ,a lo anterior se agrega el uso terapéutico en casos de glaucoma, náusea causada en procesos de quimioterapia, disminución de tumores, epilepsia, infecciones, estrés, anorexia, reumatismo…

Henry Ford, en más de una oportunidad reconoció la importancia que podría tener la explotación de esta planta, ya no sólo como proveedora de fibras, sino como combustible, equiparándola al maíz como biomasa tendiente a obtener metanol y etanol.

El principio activo del cannabis,THC, está siendo cada vez más aceptado en el tratamiento del SIDA (AIDS), dado que estos pacientes como efecto secundario de los medicamentos implicados en sus tratamientos, sufren la pérdida del apetito, náusea y vómitos. Habría que preguntar a tales pacientes lo que piensan y sienten respecto a esta planta. Lógicamente que las compañías farmacéuticas no ven con buenos ojos un fármaco sintetizado a partir de esta planta porque es más barato que los producidos en sus laboratorios.

Y aquí es donde es inevitable plantear la pregunta del millón de dólares:

¿Por qué y cuándo se comenzó a demonizar este vegetal achacándole al consumo del cannabis como enteógeno una cantidad increíble de males y de pasada ilegalizar y penalizar el cultivo para uso personal?

De partida, los infaltables poderes fácticos consiguieron merced a una estudiada y a veces alambicada propaganda, asociar el consumo de marihuana con una serie de estados mentales que incluían la esquizofrenia, paranoia y llevándole un poco más allá, derechamente la delincuencia. Veamos…

Como se ha vuelto frecuente, lo que ocurre o se les ocurre en los E.E.U.U, tiene antes o después efectos en el resto del planeta. Lo que allí es declarado como dañino e ilegalizado termina siendo el estándar para todos nosotros. Es la American Way of Life: si es malo aquí, es malo para todos, si es bueno aquí…

Fué en 1937, cuando el país del Norte declaró como ilegal el consumo de esta sustancia y su cultivo.

El contexto en que fué perpretado este atentado a las libertades individuales es muy decidor, en todo caso, porque no fueron razones morales ni de salud pública las que llevaron al Estado a adoptar esta y otras leyes que incidían directamente en ello, sino derechamente económicas. Intereses creados.

Las plantaciones de cáñamo (hemp), cubrían miles de hectáreas en diversos estados norteamericanos para satisfacer la siempre creciente demanda por las industrias asociadas a la producción de papel , cordajes y telas. Tengamos presente que el cáñamo es más resistente que el algodón. Y acá es donde irrumpe en la escena el grupo industrial encabezado por la familia Mellon, cuyo patriarca, además de ser director del banco homónimo, era Ministro de Finanzas del Gobierno de la época,y que se había asociado con William R. Hearst multimillonario ya por ese entonces, dueño de una cadena de periódicos que abarcaba todo el país quienes, a su vez, se aliaron con los hermanos Dupont que no mucho antes habían patentado un proceso para obtener papel a partir de la celulosa y además otro para fabricar una fibra sintética cuyo nombre sería conocido como NYLON. El complot estaba servido. A través de sus periódicos, Hearst se dedicó con especial enfásis a satanizar a los consumidores de este enteógeno, llevando su campaña al extremo de atribuir a los efectos de la marihuana la ocurrencia de más crímenes y locura. Para lo anterior se fundaba en los inmigrantes mexicanos. Ellos consumían ancestralmente el cannabis, pero eran muy “extrovertidos”, ergo peligrosos.El detalle que además ocupaban plazas de trabajo que podrían haber sido asignadas a los nacionales la dejaremos pasar…

Puntualicemos otro detalle:

Una hectárea plantada con cannabis produce casi 4,5 veces más papel que una plantada con árboles.Y a su vez, el papel producido a partir del cáñamo se puede reciclar hasta 7 veces mientras que el papel producido con celulosa, principalmente de Pino Radiata, sólo 3. En esos ítems es fácil calcular los costos asociados, no sólo en la producción, sino además el daño ambiental que se evita. La deforestación es un tema preocupante, de todas maneras.

Aún asi, setenta años después de declarada la ilegalización por los Estados Unidos de Norteamérica, y haciendo vista gorda acerca de los múltiples beneficios que se pueden obtener de dicha planta, si soy sorprendido con una planta en el patio trasero de mi casa el Estado asume que soy un criminal, y lo más probable es que vaya a parar con mi humanidad a la càrcel.

Y a eso voy.

¿Tengo o no el derecho a hacer con mi salud lo que se me venga en gana, si con ello no limito ni invado los derechos de mis semejantes?

¿Desde cuándo el Estado, se cree con atribuciones para decidir por mí lo que es bueno o malo, si por otro lado permite que a través de la publicidad con prodigalidad desplegada se me invite, exhorte, conmine a beber alcohol o consumir tabaco, si este mismo Estado se ha visto en la obligación de implementar campañas tendientes a disminuir el consumo de esas drogas legales por los perjuicios objetivos que acarrea?

Reclamo por mi derecho a mantener en mi patio un par de plantas dedicadas a obtener lo necesario para mi consumo personal y próximo en el tiempo.

Repudio con toda mi energía el hecho que, por mi hábito particular, la Ley me discrimine colocándome, a través de la sanción penal, en el mismo pié que un homicida.

Dá para pensarlo desde lo objetivo, dejando los prejuicios, falsos prejuicios heredados e impuestos por un Estado que realmente no entiende el problema, y pareciera, no estar dispuesto a hacerlo: “Políticamente incorrecto”

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3 respuestas a Marihuana: Despenalización y Autocultivo.

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Exprésate, opina; esa es la idea, con una salvedad: si quieres trolear vé a otro lado.

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