¡ENTEL Y LA REMILPUTA QUE LE PARIO!


Tal vez a más de alguno, el exabrupto que denota el título del post le pueda parecer desmedido, descomedido o simplemente grosero. Tienen razón y no me siento culpable, se lo merecen, insisto: ¡ENTEL Y LA REMILPUTA QUE LE PARIO!
Yo era un tipo feliz hasta donde es posible serlo con mi equipito Motorola, de la compañía Claro. Me servía para llamar, recibir, enviar mensajes y todo ello, tenía teclas y calculadora. Básico a más no poder.
Hasta que un día, para mi cumpleaños me regalan un equipo touch, LG, de Entel; prepago, a mayor abundamiento. Todo bien.
El viernes pasado, me llaman de Entel y me ofrecen cambiarme a un plan mensual. Escuché y me pareció conveniente. Sí, para mis necesidades es conveniente.
Hoy lunes alrededor de las 11.40 me llega un mensaje de la compañía: había sido activado el plan que contraté, ¡genial!

Logo-Entel

Unas horas después, cuando necesité hacer una llamada, atendiendo que a quien llamaría iba llamarme, me doy cuenta que en la pantalla un banner me comunica “Tarjeta sim inactiva”. El teléfono estaba muerto. Me llamó la atención y comencé a hacer las maniobras de resucitación que creí necesarias: Apagué el aparato. Al reiniciarse, corregirá el problema,-pensé, confiado en que estos aparatos no son tan estúpidos. Pero nó.
Saqué la tarjeta sim y la coloqué en otro teléfono: “tarjeta sim inactiva”,- ¡mierda!, se me acabó el repertorio.
Arreglemos el drama vía web,-díjeme-. Portal de Entel: para obtener atención debo registrarme con el número telefónico (hecho), con el número de mi cédula de identidad (¡Hecho!) y obtener una clave. La pido y leo: “la clave solicitada le será enviada vía mensaje de texto al número registrado”. Cagamos,-pensé.- ( ¿por qué será que cuando uno habla consigo mismo, lo hace en primera persona del plural?), callejón sin salida, teléfono muerto.
Visto aquéllo, opto por hacer lo que me quedaba: voy donde un distribuidor Entel a plantearles mi inquietud. Y a una de las chicas del mesón cuento por primera vez en esa tarde, el drama. Maniobra en su computador luego de haberme pedido alguna información y me dice que en realidad no tiene idea qué está pasando pero el número que le he dado aparece como eliminado, no’stá!.
Durante la hora y cuarenta minutos que permanecí en ese local, me mantuve tan calmado como si me estuviera mirando desde afuera: yo es otro.
Me sugiere que utilice el teléfono línea fija que hay para comunicarme con el área de soporte al cliente porque ella no puede solucionar el problema.
Me contesta una operadora con inconfundible acento centroamericano a quien le explico el problema, desde el principio y hasta el minuto anterior. Voy a hacer unas comprobaciones,-me dice-,no se retire de la línea, y me deja escuchando a Chopin.
A los cinco minutos se escucha una voz masculina que dice “Su llamada es importante para nosotros, por favor manténgase en línea”. Como ya ha pasado media hora, considero una brutalidad perder lo hecho y comenzar de cero: otro día e incomunicado.
Aparece la operadora quien me dice que, al parecer, en algún momento, alguien, al migrar mis datos desde prepago a plan, por equivocación ha inhabilitado mi tarjeta sim, pero que, en el mesón de la sucursal, pueden proveerme una nueva, sin costo y habilitarla con mi número. ¡Genial!, problema solucionado.
La empleada que me había atendido la primera vez estaba ocupada por lo que debí contar todo el atado de nuevo, desde el principio y hasta el minuto que colgué el teléfono.
El dependiente me escucha trás lo cual, emprende su ritual en el computador y me comunica moviendo la cabeza negativamente (en realidad comenzó con ese movimiento algo así como un segundo antes de abrir la boca, pero ese es un detalle que no altera el resultado final de este episodio kafkiano. Por otro lado, capto que me estoy sintiendo molesto) y me explica que en el sistema, el número de mi tarjeta sim aparece como inhabilitado (cosa que ya sabía) y que no podía hacer nada.. Ya ha pasado una hora, son casi las 18:00 y a esa hora se cierra el local. Le digo que usaré el teléfono nuevamente. Lo hago.
Me atiende otra operadora, argentina, a quien me aboco a contarle el problema, desde el principio, las escalas que había hecho y la cantidad de veces que había contado lo que le estaba diciendo. A estas alturas, mi discurso era sólido, clarísimo, calmado y asertivo: la práctica.
Me escucha, oigo como teclea en su compu y me pide no me retire. Música, esta vez del tipo ambient-ascensor.
Cinco minutos después, la voz masculina me dice: “Su llamada es importante para nosotros, por favor manténgase en línea”. Bueno, qué se le vá a hacer, -Pienso-.
Rato indeterminado más tarde, la voz argentina me dice que no me retire, que está haciendo algunas consultas con los técnicos en redes para ver qué mierda se puede hacer.
¿Qué puedo hacer sino seguir esperando? Me doy media vuelta con el auricular pegado a la oreja y veo que está todo el personal, en ropa de calle, sentado en los sillones para el público, mirándome.
La voz masculina, me repite lo que ya sabemos: “Su llamada es importante para nosotros, por favor manténgase en línea”
Aparece nuevamente la voz argentina, como si viniera caminando desde un corredor y me dá la noticia: tengo dos posibilidades. Ir al servicio técnico, en la capital y que allá arreglen el incordio. De inmediato le digo ( y acá ya estoy mirando a los empleados que me observan, como si les estuviera hablando a ellos) que eso me parece una brutalidad gigantesca porque la metida de pata ha sido de ellos, y que son ellos quienes tienen que solucionarlo de la manera más expedita posible y me extiendo en consideraciones acerca de los derechos del consumidor, la nostalgia por mi equipo Motorola y cosas por el estilo, adivinando de manera ineludible, que mi destino está sellado y que dijera lo que dijera e hiciese lo que hiciese en ese momento, era poco lo que se podía lograr y/u obtener.
También-me dice- está la posibilidad que ingrese el reclamo y escalar el asunto al Departamento de Redes. Podríamos haber empezado por ahí,-pienso- y vislumbrando la llama de una vela al final del túnel, asiento.
Por favor no se retire- me dice- lo comunicaré.
¿Será necesario que les diga que tuve que volver a contar todo, desde el principio, con sus respectiva escalas, ante la mirada de resignada impaciencia de los empleados que me miraban, a un operador sin acento ( ¡por fin un paisano!) ?
Se pierde en explicaciones técnicas y de las otras que en síntesis significan que el asunto estaría solucionado, sí o sí, dentro de las próximas 48 ó 72 horas. La nada misma.
Y ahí, me doy cuenta lo asimétrica que es la relación empresa-cliente, especialmente entre las compañías telefónicas. Estamos amarrados de piés y manos.
Puedo reclamar ante los servicios de defensa del consumidor, ante el Ministerio o Superintendencia que regula estas cosas, hacer las denuncias por todos los medios pero eso, en ningún caso obtendrá una solución antes de las 48-72 horas que me ha comunicado, con deferencia, mi compatriota operador del call-center de Entel.
Como un saludo a la bandera, endilgo a éste el discurso corregido, aumentado pero tranquilo acerca de la irresponsabilidad de su empleadora, de mis derechos como consumidor, pisoteados; de maldita sea la hora en que me cambié de compañía ( en realidad por Claro tampoco tengo afecto alguno, también son unos canallas), y que el servicio de atención al cliente era nada más que un buzón.
Me  percato de lo absurdo de seguir argumentando: 48-72 horas, nada que hacer.
Los dependientes se dan cuenta que trás una hora 20 minutos al habla ya no queda más vueltas que darle y se han puesto de pié, cogiendo sus petates, haciendo sonar las llaves y aprontándose a salir a la calle, a sus asuntos.
Me despido del operador: Gracias por llamar, -me dice.

© La Consulta de Kurilonko 2013.-

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5 respuestas a ¡ENTEL Y LA REMILPUTA QUE LE PARIO!

  1. rodrigo dijo:

    notable, he pasado por esa situacion y no se la deseo a nadie, sinceramente es una mezcla entre sentirse estafado y descepcion por no poder hacer nada al respecto, ojala sigas contando historias propias, es interesante y llamativo la forma en que relatas tus vivencias personales, saludos.

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    • ¡Gracias!
      Lo que me causa más desazón, es saber que incluso si doy de baja mi contrato, como protesta, es apenas una gota de agua menos.Para la empresa no es relevante, quedan varios cientos de miles enganchados.
      Quemarme a lo bonzo frente a las oficinas de Entel me parece demasiado extremo.
      Saludos desde el Sur del Mundo, gracias por pasar y comentar.

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      • hljorge dijo:

        Nunca entendí por qué la puteada es considerada más grosera que aquello que la causó. En este caso la estafa masiva cometida por muchas compañías a sus usuarios. Ya empezar un reclamo es un calvario. Ventas atiende de inmediato. En reclamos siempre “todos nuestros operadores estan ocupados”.
        Si se dedica a lo bonzo use biodiesel, cuide el planeta.
        Aunque le recomiendo antes llamar a un boicot nacional. Supe de un caso en Alemania. Cuando la Shell pretendía hundir una plataforma petrolera cercana los alemanes dejaron de comprarle y la Shell debió desmantelarla como corresponde.
        Me solidarizo con tu exasperación desesperación. Sospecho que pasa en toda América latina.
        Un gran abrazo.

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  2. Pingback: Bitacoras.com

Exprésate, opina; esa es la idea, con una salvedad: si quieres trolear vé a otro lado.

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