SOBRE LA SONRISA, LOS OLORES, LOS DOLORES EN LA ANTIGUEDAD Y OTROS ASUNTOS.


AUTOR: KURILONKO.

Ayudando a mi hijo a hacer sus deberes escolares, tuve que darme una paseada virtual por varios museos, pinacotecas y similares en busca de retratos de algunos personajes históricos; duques, archiduques, reyes, emperadores, papas y uno que otro H.D.P(*) que no tuvo más mérito que sumir a su reino en una guerra trás otra, ( la mayoría de ellas perdidas estrepitosamente) acompañaron mi incursión. En mi deambular noté un detalle: los inmortalizados miraban hacia el observador con sus rostros serios, adusto el semblante; ni un atisbo de sonrisa, como acostumbramos a hacer en la actualidad cuando somos víctimas de alguna fotografía. Bueno,-me dije- habría sido un desatino fenomenal que, por poner un caso, el Papa Borgia ( ¡si, el mismísimo H.D.P devenido en joya del panteón de santos de la iglesia un poco más tarde!) quien fuera un redomado canalla con todas las de la ley, fornicario reconocido, autor de cuanto crimen sea posible imaginar, expusiera en su retrato una sonrisa de oreja a oreja. También, creí, que lo encumbrado de las funciones, la magnitud e importancia de éstas les vedaban el expresar esa sencilla muestra de buena disposición o simpatía. Pero, esa sola explicación no alcanza cuando vemos los retratos de damas ( y no tanto) que aparentemente no tenían sobre sí los destinos de todo un reino o apremiantes preocupaciones políticas, captadas en un ambiente distendido : la más célebre de las pinturas debidas al genio de Da Vinci nos muestra a la Mona Lisa con lo que se ha dado en llamar una enigmática sonrisa, confirma lo que elucubro. ¿Por qué ese atisbo de sonrisa?

La explicación más sencilla que se me ocurre, sin necesidad de echar mano a alambicadas teorías, es que los objetos de esas manifestaciones de arte padecían un despoblamiento dental alarmante. Tal vez sus bocas estaban tan faltas de esos apéndices que retratarles mostrando los huecos, forados y estropicios propios que la falta de higiene y cuidados provocan, sería una afrenta al buen gusto y al sentido común. Si consideramos lo que un ignorado cronista de la época de Enrique VIII escribió sobre el monarca, no podemos menos de quedar pasmados: “La fetidez y pestilencia que emana de sus fauces, es suficiente para hacer lagrimear a sus interlocutores”. Como dato anecdótico, cabe señalar que tal cronista, por lo políticamente incorrecta de su afirmación, nunca alcanzó la gloria y fama que tales declaraciones ameritaban pero, ese es otro asunto. Nosotros, transeúntes del siglo XXI, estamos deslumbrados ante el lujo, la magnificencia y esplendor de las cortes de antaño con que nos deleita el cine y la TV:  Cleopatra luciendo  sonrisa Signal que da envidia, cuerpo bien torneado, vestiduras impecables, modales finos y recatados, moviéndose con donosura en los salones de sus palacios. Y nos han hecho creer que así era la cosa en realidad. Pero nó, los salones estaban invadidos por moscas y los olores de todo tipo apenas eran disimulados por la abundante quema de incienso y especias. Por eso, digo:

LA VIDA DE NUESTROS ANTEPASADOS ERA UNA MIERDA DE PUNTA A CABO.

Detengámonos en un detalle: El baño diario es una costumbre que costó se arraigara en las vidas de nuestros antepasados. Se le veía como algo malsano, posible causante de una increíble cantidad de males y no se recomendaba; por algo los franceses idearon la forma de disimular el mal olor corporal a través de un arsenal de perfumes y ungüentos. Si sólo nos detenemos en la Europa de la Edad Media y echamos una mirada, así como al pasar, no podríamos dejar de preguntarnos ¿ Cómo se las arreglaban sin papel higiénico? Porque la actividad que desemboca en esa necesidad es transversal y abarca a toda la fauna social: emperadores y esclavos cagan; y después de eso ¿Qué? ¿ jabón Dettol antes de sentarse a la mesa? Por algo los desórdenes gástricos y diarreas causados por los coliformes fecales campeaban y hacían de las suyas. Nadie estaba a salvo, no importando qué tan alto, o bajo, se estuviese en la escala social. Si la nobleza no pasaba de ser una recua de patanes ignorantes, supersticiosos y violentos, ¿qué quedaba para la plebe?
La vida media era de unos 45 años. Y con esa edad, los hombres eran unos viejos de mierda, desgastados por los trabajos, la pésima alimentación y las inclemencias de las estaciones que de una u otra manera siempre, siempre los encontraban mal preparados. Las mujeres además de lo anterior, debían cargar con el peso de sucesivos embarazos y partos que comenzaron apenas despuntada la adolescencia, 13 ó 14 años; sin medios ni conciencia de planificación, las que sobrevivían pasaban su vida preñadas, amamantando y, bien o mal, cuidando de su prole que en todo caso no era muy numerosa: la desnutrición, falta de higiene y cuidados hacían difícil, al recién nacido, alcanzar el umbral de los cinco años de vida.
Objetivamente, nacer mujer era lo peor que le podía pasar a una persona. Su valor estaba dado por las habilidades que pudiese tener. A una mujer robusta, con todos sus dientes, ancha de caderas, que además de saber cocinar podía destazar un cerdo y aprovecharlo entero no le faltarían pretendientes. Pero, no podía regodearse. ¿Amor, como lo conocemos hoy?, ¡Pamplinas! Los hijos varones eran sólo un medio para ayudar en la supervivencia de la familia o clan y muchas veces, eran dados al servicio de algún señor con la esperanza de que lograran una vida un poco menos miserable.

Nosotros vemos como totalmente normal el ir al super o al almacén de la otra cuadra a comprar lo que necesitamos. También, abrir la llave y que fluya agua; encender la cocina y cocinar; echar la ropa sucia a la lavadora y en un rato, el pitido de la alarma nos indicará que ya está lavada y centrifugada. Simple y fácil. Un simple gesto con un dedo y ¡ voilá!, se ilumina nuestra sala de estar. Los encendedores a gas, desechables, baratísimos, son un invento que ha puesto al alcance de cualquie idiota la posibilidad de hacer fuego instantáneo sin tener que recurrir a la yesca y pedernal, como antaño. Contamos con detergentes, desinfectantes, jabones, dentífricos, toallas higiénicas ( imagínate cómo era la vida de las féminas, menstruando, sin esos adminículos), Huggies, Pampers, pañuelos desechables ( antiguamente, los mocos iban a parar a cualquier parte merced a una hábil combinación de movimientos de la mano, cabeza y soplido nasal, como lo deja ver la viajera del siglo XIX, Mary Graham quien en sus crónicas sobre Chile nos cuenta, maravillada, de la habilidad que tenían nuestras criollas para realizar esa tarea con singular gracia y puntería).

El día, para los habitantes del siglo XVI, comenzaba con encender el fuego, o avivarlo si es que había quedado del día anterior; si no tenías pozo propio debías ir a buscar agua al río; debías recoger leña; si dentro de tu pobreza eras pudiente y tenías una vaca o cabra, ordeñarla; recoger huevos si tenías gallinas; de la huerta recoger algunas legumbres de mala calidad por lo deficiente del cultivo y comenzar a preparar algún potaje que sirviera de alimento. Vivías con hambre. Comías carne cuando cazabas algún bicho o se te moría un animal. Desolador, francamente.

Tu medio de movilización, eran tus piernas. Ir a un pueblo vecino, por la razón que fuera, significaba una odisea no sólo por la lejanía (normalmente la distancia que había entre un poblado y otro era la que podía cubrir una persona caminando desde el alba al anochecer) sino también por el deplorable estado de los caminos, cuando los había; el riesgo de ser asaltado o las jaurías de famélicos perros salvajes agregaban un plus de inquietud a la singladura. No faltaban los motivos de preocupación.

No había ninguna comodidad. Los inviernos eran aterradores y una amenaza cierta: frío, humedad y barro en todas partes, incluso dentro de las casas; vestimenta y ropa de abrigo precarias. Las familias se reunían, obligadas por las lluvias o la nieve, alrededor del fogón ubicado al centro de la estancia a esperar una mejoría en el clima que les permita realizar las actividades que en su totalidad, están orientadas a la procura del sustento. Todo tenías que hacerlo desde cero. Si necesitabas una tabla, lo primero era ir a cortar un árbol.

Fracturarse un hueso de las extremidades era un sufrimiento gigantesco e implicaba el riesgo de invalidez lo que a su vez significaba depender del resto. Una herida de cierta consideración podía matarte por las infecciones asociadas. Un dolor de muelas, un suplicio insoportable que no encontraba alivio ni consuelo; una otitis, remitía sola con las propias defensas del organismo trás días y noches de lacerante dolor. Como nos cuenta Noah Gordon en su libro “El Médico” ( un volumen como de 500 páginas, ambientado en la época de Avicena), el dolor de costado ( apendicitis), era la muerte segura trás una larga y dolorosa agonía. Una conjuntivitis que con nuestros antibióticos ya no es un drama, antiguamente podía devenir en ceguera. Suma y sigue. No existía noción de que el aire, el agua y todo está poblado de diminutas creaturas: gérmenes, bacterias y virus y que un simple sorbo de agua, sin hervir, podía ponerte en duros aprietos. Para curar la sífilis a un monarca, sus médicos hicieron que éste copulara con muchachas vírgenes; lógicamente Su Alteza no sanó y dudo que haya encontrado placer y satisfacción con el ejercicio pero lo que sí es innegable es que las chicas quedaron convertidas en virulentos instrumentos propagatorios de la pringación de su Sacra Majestad.  ¿ Y quieres decirme que todo tiempo pasado fué mejor?

© La Consulta de Kurilonko 2014.

Nota del Autor: (*) Hijo De Puta.

Fuentes:

Cervantes: El Quijote de la Mancha.

Anónimo  : El Lazarillo de Tormes.

Charles Dickens: Obras Completas.

Sir Walter Scott: Ivanhoe.

Noah Gordon: El Médico.

Mary Graham: Crónicas sobre Chile.

Encina y Castedo: Historia de Chile.

 

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Lluvia de Ranas, Mi mundo, REFLEXIONES MINIMAS y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

22 respuestas a SOBRE LA SONRISA, LOS OLORES, LOS DOLORES EN LA ANTIGUEDAD Y OTROS ASUNTOS.

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. hljorge dijo:

    Tu es un porc ingrat

    Me gusta

    • Así es! y qué se le vá a hacer.

      (escuchando a Pink Floyd, galopando sobre mi corcel rinocerontesco. Afuera está haciendo un frío de la grandísima.)

      Me gusta

      • hljorge dijo:

        Siento empatía por tu estado de gracia, me gustaría sentir lo mismo. Ayer acá sentí demasiado el frío, no terminaba de entrar en calor, no sé si fue por la humedad de ayer o por mi edad. Hoy amaneció fresco y soleado.
        Abrazos para la manada.

        Me gusta

        • Además, estoy terminando de escribir algo que espero publicar en cuanto consiga hacer que algunos enlaces funcionen. Es toda una volada que me surgió a partir de estar observando a una persona predicar frente al super hoy en la tarde. Te toco tangencialmente ( bué…no tanto)

          Me gusta

        • hljorge dijo:

          Ya le advertí, Doctor Kurilonko. que los católicos no argumentamos con paganos, los quemamos. Literalmente.
          Analice bien lo que publica en “Eclesiastés Part Two”. A pesar de que a algunos católicos usted nos resulta imprescindible, nuestro primer impulso ante palabras raras es quemar gente junto con sus escritos. Si ando por’ai cuando suceda diré “a ése me lo quedo yo para construír una pirámide” -estilo Schlinder-.
          האבר המיני של האמא

          Me gusta

  3. תודה, אוהבת אותך גם בן זונה

    Me gusta

  4. hljorge dijo:

    Alma devastada. Se me ha caído un ídolo, un role model que debido a su edad era el padre que no tuve.

    Me gusta

Exprésate, opina; esa es la idea, con una salvedad: si quieres trolear vé a otro lado.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s