ENCUENTRO DEL TERCER TIPO CON UN HIJOPUTA.


Autor: Kurilonko.

Mi trabajo de todos los días es trasladar personas hacia la Capital y traerlas de regreso.  Enunciado así, suena a simple, rutinario, aburridor; y en efecto, en parte así es aunque no siempre esa premisa se cumpla. Por lo demás, soy un convencido que la rutina, el tedio y esos detalles que pueden hacer de nuestras labores pro-subsistencia una carga desagradable, encuentran alojamiento en nuestro interior más que en la realización de los mismos, siendo lo fundamental la actitud. ¿ A quién no le gustaría trabajar de lunes a viernes, en una cómoda oficina, con una vista panorámica de la ciudad y  una remuneración más que suficiente por teclear frente a un compu?

Así las cosas, todos los días no son iguales, cada día tiene su afán y lo cierto es que en esa mañana de sábado, jamás imaginé que uno o dos pequeños detalles iban a desembocar en un desaguisado fenomenal   para todos quienes íbamos a bordo de mi nave, especialmente para el protagonista estelar de esta historieta.

En la segunda parada para tomar pasajeros, uno de los empleados de la terminal me dice que una persona quiere hablar conmigo señalándome a una mujer que esperaba de pié, con evidente cara de preocupación, a unos metros de donde estábamos. La aludida se acerca y con inconfundible acento peruano me explica que está trabajando en labores domésticas para una familia de los alrededores y que se ha quedado sin dinero porque le han pagado con un cheque que, por ser fin de semana no lo ha podido hacer efectivo para regresar a la Capital y que necesita que le haga el gran favor de llevarla. Me cuesta muy poco empatizar con alguien que sé  no me está mintiendo y que pasa por un apuro que, en la práctica, no me resulta complicado solucionar y le ofrezco uno de los dos asientos de cortesía que hay en mi cabina. Ya acomodada, me cuenta que es maestra en literaura inglesa y que por razones económicas se ha decidido a dejar su país y, de no ser por el problema que se le ha presentado, su estadía le ha resultado provechosa. Está legalmente establecida desde hace seis meses y por el lado de inmigración no tiene dramas, ha decidido quedarse y en poco tiempo más espera poder traer al resto de su familia.

Pasados los tres minutos de detención en ese lugar, seguimos viaje hacia la próxima y última parada antes de subir a la autopista. Mi invitada está sentada a mi derecha, junto a la ventanilla y, al llevar la mirada al retrovisor de ese lado, la observo. Tendrá unos treinta años, el negro pelo rizado enmarca un rostro de facciones agradables, ligeramente mate y a no ser por el acento, nada la diferenciaría de cualquiera de mis coterráneos. Me dice que lo que le pagan mensualmente equivale más o menos a cuatro veces lo que ganaba ejerciendo su profesión. Pienso: cuatro o cinco años de universidad para venir a realizar labores domésticas, bárbaro, pero qué se le vá a hacer, peor es quedarse contemplando el ombligo y maldiciendo al gobierno, la suerte o Dios. Bien por ella, admirable en todo caso. No me provoca urticaria la avalancha de extranjeros que se están avecindando acá, es señal que como país, nos está yendo bien y eso me satisface.

Ultima parada. Los que esperaban comienzan a subir, se  completa la capacidad y me sobra un pasajero a quien le ofrezco el segundo asiento en la cabina. Se acomoda, colocando una mochila sobre sus rodilla y partimos.

Tengo algunos cursos de mejoramiento de conducción además de un par de millones de kilómetros de experiencia y en ese marco, el mirar por los retrovisores externos es un gesto instintivo que realizo varias veces en un minuto: debo saber dónde, quién está a los lados, especialmente cuando adelanto o soy adelantado. En una de esas miradas, mi vista tropieza con la cabeza de mi segundo acompañante y un sobresalto me incomoda; en el cuello, casi detrás del lóbulo de su oreja izquierda tiene un tatuaje pequeño: un círculo en fondo rojo, con borde blanco y en el centro una svástica negra. ¡Mierda!-pienso-, lo que me faltaba, un nazi criollo. El tipo, de ario, según los cánones al uso, no tiene nada. Su piel es clara pero su pelo es negro lo mismo que sus ojos y no debe medir más de 1.70 mts. Sin quererlo y menos proponérmelo, en cada mirada hacia ese lado lo veo y me es imposible dejar de consierar que, a pesar de estar separados apenas por un metro, él y yo vivimos en mundos totalmente opuestos. No hay ninguna posibilidad que de alguna manera pudiéramos entendernos. Hablamos idiomas distintos. En una de esas, el pelmazo en cuestión se pone a buscar algo en su mochila y al hacerlo, veo escrito en caracteres germánicos sobre uno de sus lados la palabra “Thule”.  Ya,-pienso-, este animal vá por el lado del nazismo esotérico: jodido especímen, de todas maneras. A juzgar por su edad aparente, unos 35 años y su aspecto general, debe ser un trabajador independiente o profesional: estudiante no es; definitivamente un auténtico hijoputa.

Aunque trato de apartar con un manotazo mental lo que esa constatación ha despertado en mí, no puedo; a cada rato me encuentro enfrascado en un darle vueltas y más vueltas al asunto. No me cabe en la cabeza, por muchas razones, que alguien piense en una superioridad racial; que su ¿raza, etnia? sea superior a otra u otras y que esas otras estén destinadas a ser sólo comparsas en el chiringuito ideológico que se han montado y autoconvencido, además.

Y de repente, como si los dioses teutones hicieran una morisqueta para interrumpir mis cavilaciones y mandar a la mismísima mierda la tranquilidad con que nos desplazábamos por la G-78, mi pasajera comenta : ” ahorita no más, en cuanto lleguemos, tendré que llamar a un hermano pués, para que venga a recogerme”. Nada más escuchar su acento, el nazi dió un respingo en su asiento a la vez que hacía ademán de incorporarse pero fué impedido por el cinturón de seguridad. Y de ahí en más, comenzó a quedar la cagada.

Gesticulaba y vomitaba una maldición trás otra. Que estos extranjeros de mierda, muertos de hambre por qué no se quedaban en sus países en lugar de venir a ejercer de putas; escorias, desechos. Encarando a la mujer le dice ” y tu, perra, mándate a cambiar de acá”. La mujer, llorando a estas alturas, le dice ” pero señor por Dios, por qué me trata así si yo no le he hecho nada, no le he ofendido a usted”. En ese momento, guío mi máquina a la berma de la autopista y me detengo, cierro el canal de música que llevaba puesto y conecto el micrófono para que los pasajeros escuchen lo que está ocurriendo: Mira-le digo- o te quedas tranquilo y callado o te bajo en la próxima tenencia de carreteras, tu decides. Y ahí, la agarra conmigo: Qué te crees, mierda-con devoción me grita-, bájame y te quedas cesante, no tienes idea con quién te estás metiendo.

En algún momento, uno es puesto en situación de tomar decisiones; decisiones que implican perder o ganar, retirarse con la cola entre las piernas humillado o ser consecuente con lo que uno tiene por correcto y actuar conforme a ello sin importar las consecuencias. Go ahead-me digo- si vá a quedar la cagada, sea, hágase tu voluntad.

Tomo mi teléfono y marco el número de emergencias de la autopista y les digo que en unos 15 minutos más me detendré en el puesto policial de carreteras porque necesito bajar a un pasajero que está dando problemas. Trás un instante me comunican que proceda y que me estarán esperando. Ya no hay vuelta atrás. Termino la comunicación y me doy cuenta que el hijoputa me extiende su teléfono: mientras yo hacía mi trámite él había estado hablando con alguien. Le contesto que no me interesa hablar con nadie y que, en el fondo, me importa una mierda. Seguimos viaje, quince minutos a lo sumo y todo habrá terminado.

Con un poco de esfuerzo dejo de escuchar lo que el maldito imbécil sigue ladrando y me voy hacia adentro, pienso: El tipo es peligroso por la sencilla razón de que, a pesar de estar solo, sin estar con sus pares a quienes demostrar su completo convencimiento en la causa, ha actuado sin vacilaciones ni medias tintas. Durante el Tercer Reich, habría sido miembro de las Waffen SS o la Gestapo; habría colmado sus aspiraciones arreando gente a los campos de concentración; impasible, en los Juicios de Nüremberg habría escupido en la cara a sus acusadores acusándolos de estar coludidos con los judíos. Siento algo muy extraño revoloteando en mi interior, mezcla de rabia e impotencia más no temor.

Vamos llegando; el sector en que se encuentra el control policial es un espacio al costado de la autopista, bastante amplio. Al acercarme hago señas con las luces al personal que se encontraba allí quienes me indican donde detenerme. Dos policías se aproximan, abro la puerta y señalando al tipo les digo que tiene que bajarse, que no lo permito al interior del bus y les explico las razones. Se miran y llaman a un oficial, un capitán. Le reitero mi explicación y él le dice al individuo: ” Su actitud es un delito y debe bajarse porque quedará detenido y a disposición de nuestros tribunales” El energúmeno se tranfigura y sigue con su diatriba vociferante. El capitán, escueto, dice a sus hombres “bájenlo esposado” y así lo hacen trás un efímero forcejeo. Nos vamos.

                                                                             EPILOGO

Apoyado en la evidencia registrada por las cámaras de video que hay al interior de mi cápsula espacial ( tres: una apuntando hacia adelante, a la carretera; una al interior de la cabina del conductor y la tercera al habitáculo de los pasajeros, todas con audio), el hijoputa fué condenado a 541 días de pena remitida, o sea, no la cumple en la cárcel sino libertad vigilada con la obligación de firmar semanalmente en el patronato de reos.

Laura, que así se llama, hace unos días se apareció por el terminal base de nuestra empresa para saludarme y agradecer lo hecho. Se radicará definitivamente en mi tierra, además.

©  La Consulta de Kurilonko 2014.

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Actualidad, Debate, Mi mundo y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

15 respuestas a ENCUENTRO DEL TERCER TIPO CON UN HIJOPUTA.

  1. hljorge dijo:

    Sabe, Kurilonko, que dejando mis maneras british de lado siempre lo apoyo -castamente-.
    Pero esto es un tantico fuerte.

    Me gusta

  2. Pingback: Bitacoras.com

  3. Jorge dijo:

    Yo también soy chofer de guagua como decís vosotros, concretamente en Copenhague, Dinamarca, donde vivo desde 1977, cuando me mudé aquí de mi Barcelona natal. He leído tu relato con orgullo y satisfacción, y me gustaría hacer algún breve comentario.

    En primer lugar felicitarte. Tu conducta honra a nuestra profesión. Tienes un par bien puestos, como decimos en mí tierra. Cuando los viajeros entran en nuestra cápsula somos responsables de su seguridad, tanto física como emocionalmente. Que ningún pendejo venga a pisotearlos.

    En segundo lugar, que tu relato está escrito de manera brillante. Si alguna vez dejas el volante, dedícate a la pluma, por favor.

    Y finalmente, no creas que es mejor trabajar en una oficina, sunque la vista sea bonita. En el bus lo más probable es que el cabrón que te rompe las bolas no vuelvas a verlo nunca (espero que sea el caso del nazi) En la oficina tienes que trabajar con el cada dia.

    Un abrazo

    Me gusta

    • Gracias Jorge, reconforta leerte. Este gremio es demasiado incomprendido, se supone que somos una panda de patanes y esto no siempre es así. Tengo clarísimo que mis pasajeros son mi responsabilidad y como leíste, actué dentro de lo que creo es mi deber. Abrazos desde el sur del mundo

      Me gusta

      • hljorge dijo:

        Me llena el corazón de Felicidad encontrar un guagüero tan dulce como tú.
        Acá en Buenos Aires son un una banda de psicóticos que se sienten poderosos porque manejan un vehículo poderoso. Una o dos veces estuve a punto de ser aplastado por ellos a pesar de que yo tenía prioridad de paso.
        Con amor
        desde una parte importante del sur del mundo
        Yo

        Me gusta

  4. etarrago dijo:

    Enorme historia, amigo. Enhorabuena por tu actitud, no todo el mundo es capaz de actuar así, repito, enhorabuena.

    Me gusta

    • Lógicamente, el asunto me acarreó problemas que se están solucionando.
      Podría haberme hecho el desentendido y evitarlos pero, cada vez que me mirara en el espejo habría sentido vergüenza . Lo hecho,hecho está y no me arrepiento.
      Abrazos gigantescos desde el Sur

      Me gusta

  5. Es una grandiosa historia, aunque como están las cosas ya no hay que esperara que sean neonazis, por lo general los mismos latinoamericanos discriminan a sus hermanos mas pobres, cosas de la vida sera.
    Cuando lei sobre el Thule, recordé esto, que no se si tenga alguna remota relación?
    http://es.wikipedia.org/wiki/Revoluci%C3%B3n_kuna

    Me gusta

  6. En realidad, No tiene relación.
    La Sagrada Orden de Thule ( que así se llama la cosa) es una majamama de dislates esotéricos que a instancias de algunos iluminados de su círculo, Hitler adoptó como la vertiente ¿espiritual? de su movimiento.
    Leer sobre el trasfondo, más allá de lo puramente nacionalsocialista, es adentrarse en un laberinto de ideas, sobre todo científicas, que cualquier estudiante de secundaria tiene por erróneas cuando no derechamente falsas.
    Hitler no solamente quería exterminar a los judíos y otras etnias sino, desterrar para siempre la “ciencia judía” y de eso se aferró Herr Doktor H. Horbiger en su disparatada expedición para comprobar científicamente que vivimos al interior de una esfera sólida cuyas paredes se extienden al infinito.
    Saludos desde el Sur del mundo.

    Me gusta

Exprésate, opina; esa es la idea, con una salvedad: si quieres trolear vé a otro lado.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s