MARCOS AGUINIS: ISRAEL, JUDIO ENTRE LAS NACIONES


POR MARCOS AGUINIS

Aunque no es una definición original, se la debería tener en cuenta.Israeli Flag

“Israel ahora condensa el milenario odio hacia los judíos y es tratado
con el mismo consciente o inconsciente prejuicio. Siempre es el
culpable. Haga lo que haga, siempre está mal, excepto cuando
contribuye a su autodestrucción. Se desconocen sus virtudes, se
exageran sus defectos.

El odio a los judíos empezó hace más de 2000 años, antes aún de
Cristo. Prevalecen las teorías que lo atribuyen a la tenacidad con la
que se aferraban a un Dios único y abstracto que, además, era ético.
Gracias a Pablo, el apóstol de los gentiles, se expandió con fuerza el
cristianismo que, durante sus primeros veinte años, no se alejaba de
las sinagogas. Siglos más adelante, por la excepcional inspiración de
Mahoma -articulada a los textos del viejo Israel-, nació el islam.
Pero ambos descendientes tendieron al parricidio.

Para los cristianos, la llegada de Jesús significaba el fin de la
función “placentaria” de Israel: después de Cristo su supervivencia
era vista como impugnadora, anormal. Para los musulmanes, al no
aceptar los judíos a Mahoma como el último de los profetas, revelaban
haber modificado sus propios textos, donde habría sido anunciado; una
redonda e imperdonable perversidad.

No obstante, tanto unos como otros fueron ambivalentes. Para los
cristianos, Dios no quiere la desaparición de los judíos, porque
terminarán convirtiéndose a la nueva religión y serán la corona del
plan celestial. Para los musulmanes son el Pueblo del Libro, junto con
los cristianos, y merecen un status superior al de los politeístas.
Por eso en ambas jurisdicciones hubo períodos de fértil convivencia y
períodos de sanguinaria persecución.

Los judíos conforman la comunidad humana que ha padecido el maltrato
más obstinado de la historia. Fueron convertidos en el chivo
expiatorio de todos los males, por absurdas que fueran las
acusaciones. Por ejemplo, durante la “peste negra” que asoló Europa,
se les atribuyó haber envenenado los pozos de agua y las turbas se
dedicaron a incrementar el número de muertos judíos. Tuvo que
intervenir el Papa para frenar tamaña locura. Siglos antes se había
inventado el baldón del “crimen ritual”: los judíos extraían la sangre
de niños cristianos para amasar el pan de su Pascua (¡!).

Este vampirismo (no olvidar el ejemplo de Shylock; y que hasta el
Concilio Vaticano II los judíos eran “deicidas”, peor imposible),
permaneció ajeno a la tradición musulmana. Ahora el mundo musulmán ha
sido colonizado por la vasta producción antisemita occidental,
incluido el “crimen ritual” que genera terror.

En Egipto, país que ha firmado la paz con Israel y debería contribuir
a desalentar el odio, tuvo gran éxito una serie de TV donde se
mostraba cómo los judíos degüellan niños árabes sobre una palangana
para llenarla con su sangre y luego amasar el pan de la Pascua. No
hubo condena de ningún organismo internacional a tamaña usina de odio.
La dolida queja de Israel fue contestada con esta frase: “En Egipto
hay libertad de expresión”.

Predicadores, políticos e intelectuales tienden ahora, como en la
década de 1930, a incentivar el antisemitismo “demostrando” que el
sufrimiento de los judíos, en vez de provocarnos solidaridad, debería
hacernos comprender su maldad incurable. Son auténticos verdugos,
criminales. Ya no queda bien calificarlos de “raza inferior”, por
supuesto. Los racistas son ahora los judíos. Racistas, nazis, asesinos
de niños, lo peor. En la Carta del Hamás, por ejemplo, se los
identifica según el libelo fraguado por la policía zarista en Los
protocolos de los sabios de Sión : provocaron todos los males del
mundo para dominarlo, incluida la Revolución Francesa, la Primera y
Segunda Guerraa Mundial, la Revolución Rusa y otras calamidades por el
estilo.

Recordemos que las grandes matanzas comenzaron por una intensa
descalificación. Luego resulta fácil avanzar. El Holocausto no hubiera
sido posible sin las centurias previas, donde el judío era asociado
con ratas y cucarachas. Las “leyes raciales” que lanzó Hitler durante
años deshumanizaron a los judíos hasta que en muchas partes del mundo
se considerara su eliminación como un acto de higiene.

El Estado de Israel es descalificado de la misma forma. Se lo acusa
con una tirria que no se aplica a otras naciones. En especial
sobresale la izquierda fascista, que ha traicionado sus ideales de
origen y ahora se asocia con dictaduras y teocracias. Si Irán, junto
con las organizaciones terroristas que apoya, lograse su objetivo de
borrar a Israel del mapa, no se derramarán muchas lágrimas, porque el
mundo se está convenciendo de su malignidad innata. Terminado el
Holocausto, tampoco se derramaron demasiadas lágrimas: los puertos del
mundo se cerraron para los supervivientes, incluso los de América
latina y los Estados Unidos. Un año después de terminada la guerra
hubo otro progrom en Polonia.

El Estado de Israel no fue un regalo por causa del Holocausto, sino
que consiguió su independencia luchando contra la más poderosa
potencia colonial de entonces, que era Gran Bretaña. Los foros
internacionales sólo le fueron favorables en noviembre de 1947, cuando
las Naciones Unidas votaron por más de dos tercios la partición de
Palestina en un Estado árabe y otro judío. Al Estado judío no se le
otorgaba casi ningún sitio bíblico de significación, ni siquiera
Jerusalén, cuya mayoría de habitantes era judía. Para “compensar”, le
adjudicaron el vasto desierto del Neguev. Los judíos aceptaron
felices. Los estados árabes, en cambio, juraron violar esa resolución
y arrojarlos al mar. Ni mencionaron independizar un Estado palestino.
Tampoco lo crearon durante los 19 años en que ocuparon la Franja de
Gaza y toda Cisjordania.

En 1967, Egipto bloqueó el Canal de Suez para el comercio con Israel y
le cerró su salida por el golfo de Akaba. Manifestó que anhelaba
borrarlo del mapa (como ahora Irán) y exigió el retiro del colchón de
la ONU para terminar con la “entidad sionista”. ¿Qué hicieron las
Naciones Unidas? Retiraron el colchón, por supuesto, y dieron luz
verde al exterminio. Pero el resultado no fue el que se esperaba.

Terminada la Guerra de los Seis Días, Israel ofreció la paz a cambio
de la devolución de territorios conquistados. La Liga Arabe se reunió
entonces en Khartun y emitió los famosos “Tres No”: no negociar con
Israel, no reconocer a Israel, no firmar la paz con Israel. ¿Hubo una
indignada reacción a semejante hostilidad? Ninguna.

Sólo después de la Guerra de Iom Kipur el presidente Anwar El Sadat
entendió que era imposible destruirlo y manifestó su propósito de
acabar con la guerra. Entonces, el más duro de los israelíes, que era
Menajem Beguin, le devolvió hasta el último grano de arena del Sinaí,
territorio tres veces más extenso que todo Israel. No sólo eso: le
entregó pozos de petróleo, aeropuertos, carreteras y hasta los centros
turísticos más sofisticados que ahora posee Egipto, construidos por el
mismo Israel. Como añadido, evacuó la ciudad de Yamit, al sudoeste de
Gaza que, de haber existido aún, hubiese dificultado el contrabando de
millares de misiles en los que gastaron ríos de dinero los actuales
señores de esa Franja.

Después de ceder el Sinaí, Israel siguió siendo acusado de
“expansionista”. Es el judío, el maligno. Tampoco ayudó a la paz que
evacuase por completo la Franja de Gaza sin pedir nada a cambio. Y la
esperanza de que cesara el lanzamiento de misiles contra las
poblaciones del sur. La Franja se convirtió en un territorio
Judenrein. ¿Qué hicieron los líderes de Hamás con las 20 colonias
paradisíacas que les dejaban los pioneros israelíes, llenas de flores,
árboles, invernaderos, centros sanitarios, granjas, escuelas y hasta
fábricas? ¡Las destruyeron, quemaron y convirtieron en escombros! ¿Fue
condenada esa depredación irracional? No.

¿Se mencionan otros responsables, además de Israel, por los
sufrimientos del pueblo palestino? El ejército jordano asesinó
millares en el Septiembre Negro de 1971. Siria mató más palestinos que
Israel, según dijo el mismo Yasser Arafat. Hamás ejecutó 370
palestinos cuando se adueñó de la Franja de Gaza y luego impidió la
peregrinación a La Meca de los musulmanes que no respondían a sus
mandatos.

Cierro con pena. Los terroristas están ganando la campaña que enciende
el odio en vez de conducir a la moderación, el diálogo y la paz. Para
ellos es mejor que muera un palestino a que muera un israelí, por eso
los usan de escudos humanos. Cuando muere un israelí la prensa calla.
Cuando muere un palestino brota lava ardiente. Mientras más palestinos
sufran y mueran, más grande será la lástima. Pero esa lástima no
aporta paz ni progreso.

Israel, judío entre las naciones, imperfecto como toda construcción
humana, deberá seguir tolerando la doble vara con que se miden sus
acciones. Es ineluctable. Pese a ello, sólo le queda reforzar lo que
fortifica una buena relación con los sectores pacifistas y racionales
del mundo árabe. Ya ha realizado mucho y bueno en varios campos,
aunque de eso no se habla. Tiene que hacer más. Allí reside su condena
o su gloria.”

Fuente: www.judaismo.org.il

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2 respuestas a MARCOS AGUINIS: ISRAEL, JUDIO ENTRE LAS NACIONES

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. hljorge dijo:

    Reblogueó esto en Ultimate Wanker Pressy comentado:
    Los argumentos de Israel

    Me gusta

Exprésate, opina; esa es la idea, con una salvedad: si quieres trolear vé a otro lado.

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