BORDER LINE-2006


AUTOR: KURILONKO

Como pequeñas arañas aterciopeladas, escucho tus lágrimas, tenues, ingrávidas golpear la almohada que compartimos…toc,toc,toc… Sufres. Sufres en silencio, aguantas. Sufres por mí. Te duele lo mío. No entiendes lo que yo tampoco entiendo. Algo está ocurriendo en alguna parte de mi mente y no encuentro la salida, no hay una rampa ni luces indicadoras, sólo oscuridad y la ominosa presencia de una nube invisible que se ha abatido y me ha abatido.

Era una situación complicada: había dejado el trabajo al comprobar, trás saltarse dos luces rojas en un mismo día, que así no podía seguir. Los acontecimientos le habían ido acorralando, dejándolo sin opciones viables. Sin una red de apoyo, estaba tratando de arreglárselas solo, defendiéndose contra las cuerdas, aguantando casi sin fuerzas ni ánimo para devolver cada golpe. Su guitarra ya había emprendido el camino a la casa de empeños. Turbiedad, opacidad. Nada. Así las cosas, esa tarde lluviosa, hechas las cuentas, les alcanza para comprar cinco litros de combustible para la estufa, por lo que el trayecto hasta el surtidor debe hacerlo caminando. Dos kilómetros bajo la lluvia para allá y lo mismo para acá. No importa. El esfuerzo le dá un sentido, le redime; sentir que está haciendo algo por su familia  le proporciona algo parecido al consuelo.

…toc,toc,toc… sufres por mí, compañera, a quien me gustaría en este momento decir cuánto  amo, pero no siento nada más que una inconmensurable pena y desconcierto, hoy, ahora; quizás mañana, cuando este aluvión de calamidad pase tal vez pueda reencontrar el cajoncito donde están guardados mis sentimientos y abrirlo para tí con la llave de tu sonrisa y la de nuestro hijo. Hoy, ahora, no puedo. Me has atado a una promesa y sabes que la cumpliré cueste lo que cueste. Mirándome a los ojos, desde lo indefinible de tu angustia, concisa, apremiante: ” no, Ari(*), dime que no, eso no por Dios” Me conoces, nos conocemos desde todas nuestras vidas anteriores. Has adivinado lo que ronda mi mente a cada instante. Me has extendido tu mano derecha urgiéndome, faro en medio de mi tormenta: “dame tu palabra”, no te he contestado pero, sí, estreché tu mano: y tus ojos destellan, reposando en la certeza  de que eso, ese compromiso que acabo de contraer contigo no lo eludiré de ninguna manera…toc, toc, toc.

La lluvia cala sus huesos; empapado de fatalidad dá un paso y luego otro y todos los demás. Comienza a acabar la tarde para convertirse en noche, en cualquier noche. El neón de Shell, a lo lejos le llama señalando una meta. No falta tanto. Caminar entre los charcos viendo con indiferencia los escasos automóviles que circulan, hasta cierto punto le distrae. Coloca su mente en otra cosa. Se obliga a no pensar en que el agua ya traspasó los límites fijados por su parka y botas. Uno, dos, tres, cuatro; uno, dos, tres, cuatro…cambia el bidón de mano al darse cuenta que ésta se le había entumecido. Cinco litros. Con el billete y algunas monedas – todo el dinero que había en casa-  alcanza para eso. Veinte horas de calefacción. “Si consumimos dos litros al día,-mientras está el hijo en casa-, es suficiente para dos días y medio”,-reflexiona-. Ya se verá después. Ese puente lo atravesará cuando llegue a él.

Ayer, mientras estaba en el baño, escuché lo que hablabas con tu madre y tu hermana en el patio trasero de su casa. Te decían que hasta cuándo ibas a seguir soportando esa situación de precariedad extrema. Que la cosa no podía seguir así. Que no te merecías pasar las apreturas que estabas pasando. Que debías tomar decisiones, dolorosas tal vez pero necesarias. Que debías pensar en tí y en nuestro hijo. Al escuchar tu respuesta, no pude contener el llanto, purificador, pleno y silencioso: ” si tengo que salir a recoger cartones o botellas, lo haré; eso y más por él haré” …toc,toc,toc…

Antes de acometer el regreso a casa, cruza desde el surtidor y se instala por un momento en un paradero de microbuses. Está totalmente empapado. Su mente puesta sólo en cubrir la distancia que lo separa de su hogar. La incomodidad, el frío pasan a segundo plano. Nada hay en su mente más que cumplir su misión: le esperan, le necesitan, le aman. Sin saber por qué su atención es atraída por la llegada de un taxi que deja un pasajero justo enfrente suyo. Este se las arregla para cruzar sorteando los charcos y llegar a la bencinera. Antes que el auto parta, aparece una hombre corriendo que se deja caer al interior y algo le dice al conductor. Segundos después, irrumpe en la escena una mujer, desesperada gritando: “me han asaltado, ayúdenme, ese tipo me asaltó” Deja el bidón en el piso tratando de entender lo que pasa y sin detenerse por un instante a pensar en consecuencias o quizas sabiéndolas, camina un par de pasos y se para, estático frente al coche a un metro de su parachoques, y no se mueve, decidido, desafiante. El conductor, quizás urgido por su pasajero intenta salir por un lado, pero él se mueve hacia allá. El auto retrocede unos metros y él lo sigue y nuevamente se para frente a él. Nada le importa, ya nada importa; lo que ha de pasar, sea lo que sea, pasará. El pasajero se baja por el lado izquierdo y se abre la chaqueta mostrando un revólver. Se miran. El asaltante se aleja del coche y huye por el estacionamiento del supermercado, llegan dos policías que le seguían. Se escuchan unas detonaciones y luego silencio. Coge el bidón, acomoda la mano que lo sostiene dentro de una bolsa plástica y comienza a caminar sin mirar atrás. La lluvia. Uno, dos, tres, cuatro…en media hora más estará junto a los suyos. Lo que no previó, fué que antes de llegar a casa, las noticias de su imprudencia ya habrían sido dadas a su compañera.

Escucho tus tenues e ingrávidas lágrimas caer. La tibieza que hay al interior de nuestro hogar me reconforta de una manera indecible. Tengo un lugar en el mundo, éste es mi lugar y tú eres la persona con quien quiero estar el resto de mi vida. No estoy en condiciones de defenderlos, lo sé; también, que deberás asumir el cuidado por nosotros en contra de la opinión de personas que hasta ayer te importaban, lo sé y me duele. Me duele de manera imposible de describir tu lealtad, Ybag; pero, me anima en mi convencimiento de que aún quedan en este planeta al menos dos personas por las cuales entregaría sin dudar mi vida.

© La Consulta de Kurilonko 2014.

(*) Ari, en Hebreo: León.

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6 respuestas a BORDER LINE-2006

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. hljorge dijo:

    Reblogueó esto en Ultimate Wanker Pressy comentado:
    [Uno,dos,tres,cuatro;uno,dos,tres,cuatro…cambia el bidón de mano al darse cuenta que ésta se le había entumecido. Cinco litros. Con el billete y algunas monedas,- todo el dinero que había en casa-, le alcanza para eso. Veinte horas de calefacción. “Si consumimos dos litros al día,-mientras está el hijo en casa-, es suficiente para dos días y medio”,-reflexiona-. Ya se verá después. Ese puente lo atravesará cuando llegue a él.]

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  3. hljorge dijo:

    No sé qué decir, Ari. Demasiado dolor.

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  4. etarrago dijo:

    Relatar una derrota es algo de difícil gesta. Si consigues que nadie, ni una mosca, te moleste, es escalofriante tu redacción. MB.

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  5. Mirando hacia atrás, desde una distancia segura respecto al incordio, aún ahora, me (nos) cuesta dimensionar lo terriblemente cagados que estuve ( estuvimos).
    Tal vez una semana después de lo relatado, fuí conminado a buscar ayuda médica. Depresión severa, Border Line -causada por stress post-traumático no atendido- diagnosticó el profesional. Un año ocho meses duró mi travesía por la terapia psico-farmacológica. Dos años, pero gané el resto de mi vida, y sí, valió la pena.
    Abrazos para tí HL y para tí Enrique. No bajen los brazos, no suelten los remos.

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Exprésate, opina; esa es la idea, con una salvedad: si quieres trolear vé a otro lado.

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