EL TERRORISMO DE IZQUIERDA SEGUN CORTAZAR


 

Hallé el texto de manera inesperada. Entré a una librería porteña que ofrece mucho de música y filosofía buscando bibliografía sobre Richard Wagner y me topé con un librito editado en España de portada agradable, título atractivo -Corrección de pruebas en Alta Provenza de Julio Cortázar- y un sticker redondo con la palabra “inédito” en su centro que capturó rápidamente mi atención. Pasaron varios meses hasta que me senté a leerlo, recordando una frase que me regaló antaño Marcelo Birmajer cuando le compartía mi sentimiento de culpa por comprar más libros de los que leo. “Los libros son como los vinos”, me dijo entonces inmutable,“se ponen en la biblioteca y se toman en el momento adecuado”.

Mi momento para este breve texto de Cortázar llegó hace muy poco tiempo, en ocasión de su aniversario centenario. En sus páginas el autor relata la experiencia de corregir las pruebas del Libro de Manuel antes de entregarlo a la editorial. Para ello, el célebre escritor se subió a una camioneta Volkswagen, se abasteció de alimentos y partió a recorrer La Provenza con el manuscrito a su lado. Me pareció una divertida coincidencia que Cortázar llamara a su vehículo Fafner, el mítico dragón del Anillo de los Nibelungos, inspirado en la letra F de la patente (que era por Francia) y en honor a “mis obstinadas predilecciones wagnerianas”. Pero ahí se detuvo el divertimento. Sería cuestión de algunos minutos adicionales de lectura nomás toparme con unas observaciones desafortunadas sobre la matanza en las Olimpíadas de Munich (en las que un comando palestino masacró a once atletas israelíes) que lo sorprendieron en plena corrección de pruebas.

La primera insinuación de algo fastidioso la encontré aquí: “apenas despierto, la radio me trajo la noticia de los dieciocho muertos de Münich, la increíblemente torpe carnicería cumplida por un dispositivo policial que razones de todo género permitían imaginar como uno de los paradigmas del género”. La indignación puesta en la medida contraterrorista y no en la acción terrorista inicial preanunciaba un desorden moral al que se sumaba una fantasía conspirativa: “Poco se sabía lo que realmente había ocurrido, y poco sabemos hoy aunque el mosaico ya esté bastante bien armado para el que sepa ver; pero eso no importaba frente a la rápida, la astuta, la eficacísima puesta en marcha del condicionamiento de la masa colgada de receptores y diarios”. Habiendo establecido que la policía es torpe y responsable y que la prensa es manipuladora, seguía Cortázar:

Pero cómo no vomitar frente a los que lloraban sobre el micrófono por un atentado que interrumpía brutalmente “la tregua, la paz de los juegos olímpicos en esos días en que los pueblos olvidan sus diferencias y sus querellas”, textual, viejito. ¿Tregua, olvido de querellas? Hay que ser miserable para articular una frase parecida, hay que ser cínico para volcar sin el menor retaceo la culpa del terrorismo y su sangre en los grupos y los comandos que lo llevan a cabo; pero la máquina funciona bien, rápidamente se aprietan las teclas de la sensibilidad epidérmica, y entonces el genocidio cotidiano, Vietnam o Biafra, los ahorcados de Turquía y los fusilados de Irán, los 20 años de miseria y de vergüenza de los refugiados de Palestina, la exterminación sistemática en Guatemala, todo eso pasa a un plano nebuloso…

Estamos en Francia en los comienzos de los años setenta y la pluma es de un intelectual de izquierdas exiliado de Sudamérica; excusar a los perpetradores de sus actos de violencia es de rigueur para la intelligentzia de la época. Cortázar refuerza la noción de la nula culpabilidad de los asesinos de Múnich con una frase que recuerda a la de una revolucionaria brasilera: “Es necesario darse cuenta de que la violencia-hambre, la violencia-miseria, la violencia-opresión, la violencia-subdesarrollo, la violencia-tortura, conducen a la violencia-secuestro, a la violencia-terrorismo, a la violencia-guerrilla; y que es muy importante comprender quién pone en práctica la violencia: si son los que provocan la miseria o los que luchan contra ella…”. Las causas del terrorismo: un clásico del género de la apología.

Okay con Vietnam y Biafra y Turquía y el Irán de Pahlevi y Palestina y Guatemala. Pero, ¿qué hay sobre Cuba? ¿O China? ¿Y la Unión Soviética? ¿O los represivos regímenes de Asia? ¿Y qué sobre las dictaduras árabes? ¿No hicieron miserable las vidas de muchos, acaso, Fidel Castro, Joseph Stalin, Mao Zedong, Muhamar Gadafi, Pol-Pot? No hay olvido en el autor de Rayuela, sino justificación. Con esa perenne habilidad progresista para ver maldad sólo en la derecha, escribe:“¿Pero a quién la gusta la violencia por sí misma? ¿Le gustaba a Trotski, le gustaba al Che? Sólo los nazis (que constituyen para mí una especie de categoría mental fuera de todo período histórico y de toda civilización nacional, desde los asirios hasta los SS) hallan en la violencia una especie de rescate de la debilidad…”. Escribe esas líneas transcurridos casi 3/4 de un siglo en el que solamente en China y en la Unión Soviética los comunistas asesinaron alrededor de 85 millones de personas. A Ho Chi Minh lo nombra en sus páginas sólo para acotar, bastante frívolamente, que éste había sido cronista de boxeo en los años veinte.

Cortázar firma su texto en la localidad francesa de Saignon. Físicamente allí se encuentra, mentalmente, no obstante, reside en Saigón. Es un novelista aclamado pero un humanista frustrado pues, a decir de Juan Villoro, “quiere cambiar al mundo y sólo puede cambiar la página”. Gracias a Dios que es el caso. En cuanto a mí, cierro la contratapa, dejo esta triste obra de lado y pienso que su lectura a destiempo resultó ser un trago amargo.

Fuente: http://porisrael.org/

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2 respuestas a EL TERRORISMO DE IZQUIERDA SEGUN CORTAZAR

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Exprésate, opina; esa es la idea, con una salvedad: si quieres trolear vé a otro lado.

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