72 HORAS SIN FUMAR TABACO.


Autor: Kurilonko.

Mi vida de adolescente, por los 70’s del siglo pasado, discurrió por un mundo en que el fumar tabaco, y las nefastas consecuencias sobre la salud que este hábito genera, habían sido inteligente y perversamente ocultadas a los consumidores y potenciales consumidores. Había publicidad de cigarrillos en que se les atribuía, incluso, efectos beneficiosos para la salud. Se podía fumar en cualquier parte: en mis tiempos de estudiante debía viajar todos los días a la capital y era habitual en el bus, en un viaje de hora y media -ventanillas cerradas por el frío de la mañana- que algunos pasajeros encendieran un cigarrillo y fumáramos todos. ¡ Que tiempos aquéllos de candorosa irresponsabilidad!

Con estos me inicié: Lucky Strike sin filtro. " It's toasted"

Con estos me inicié: Lucky Strike sin filtro. ” It’s toasted”

Y así, un día en que salíamos de clases, un compañero saca de su bolsillo un paquete de Lucky Strike y me ofrece uno. Me escandalicé, como provinciano que era, de tamaño atrevimiento; mi concepto era que nosotros, pendejos de 14-15 años, no debíamos hacer cosas que estaban reservadas a los adultos, pero acepté. No le encontré gracia alguna a eso de aspirar humo y toser hasta lagrimear; no le encotraba sentido pero, si los demás lo hacían, por algo sería. Y me dí a la tarea de aprender el arte de fumar y al cabo de unas semanas de intento y error lo conseguí. Conseguí aspirar el humo sin toser ni hacer arcadas. La adicción a la nicotina, que es el valor agregado de este ejercicio- para satisfacción de las tabacaleras- vino después. Ni supe cuando, pero vino a quedarse.

Pasaron alrededor de 40 años, miles de cigarrillos consumidos y un dineral, quemado literalmente sin ningún beneficio. Al principio, fumaba sólo en las tardes. Hasta hace una semana, junto con el café de la madrugada, encendía el primero. Aún así, creo, mi consumo no era exagerado, como el de algunos colegas que despachan hasta 3 paquetes al día, sino que se podría decir moderado: unos 15 por día. Todos los días. El drama comienza cuando esa cantidad la multiplicamos por 365= 5.475 cigarrillos en un año ¿ y en diez años, cuántos metros cúbicos de aire contaminado por nicotina, alquitrán y otros compuestos químicos peligrosos, han debido filtrar mis pulmones? ¡ Mierda!

Cuando uno mira en lontananza la cima que quiere conquistar, parece posible la empresa sin demasiado esfuerzo. El asunto cambia cuando uno está al pié de la misma y se pueden ver lo empinado del terreno y sus irregularidades; también lo lejana que parece la cumbre, mirada hacia arriba.

Eso mismo ocurría con mi adicción a la nicotina: ” ¡pamplinas!, puedo dejarlo cuando quiera”. No era así. No es simple, ni fácil. ” Es cosa de fuerza de voluntad, nada más” pontifican los malditos canallas que lo han dejado. No tengo cuenta de las veces que lo intenté y fracasé rotundamente. “Te falta motivación”, decía alguien por ahí. “Realmente no lo quieres dejar” aseguraba otro. Y así pasaba el tiempo. Recibía señales, claro. Y las ignoraba. Para mis vacaciones del 2012, intenté subir un cerro: llegué, a duras penas a los 2.700 metros. Mis pulmones resoplaban y siseaban como bandoneón descompuesto y ahí quedé, mirando impotente a mis compañeros rumbo a la cima, 2.000 metros más arriba. Para estas vacaciones verano 2015 con mi mujer e hijo decidimos hacer una caminata gigantesca por el Norte de Chile y el altiplano. El primer día y los primeros 25 Kms. fueron toda una odisea. Aún así, no estaba “motivado”.

( Mientras escribo esto, me he parado cuatro veces y salido al patio, como acostumbraba hacerlo, para fumarme un cigarrillo)

Y la motivación llegó este lunes como a las seis de la mañana, de manera rotunda e insoslayable, vestida de un acceso de tos de la remilputa que me dejó acezando, en medio de arcadas incontenibles y babeando de manera escandalosa. “Bienvenido al club de la Tos del Fumador”, me dice al pasar el Chico Rodríguez con su cigarrillo colgado de los labios. Y me impactó, de todas maneras. Esa admonición ha sido la más efectiva, millones de veces más efectiva, que las más costosas campañas antitabaco e imágenes truculentas impresas en los paquetes de cigarrillos. Y es que Rodríguez, además de la dentadura hecha mierda por sus 3 paquetes diarios, resoplando y bufando con el menor esfuerzo esfuerzo, nimbado por un olor como a cenicero mojado, puede ser considerado una autoridad competente en estos asuntos nicotinescos. Mientras recuperaba la respiración y  secaba mis lágrimas, entré a pensarlo: “Termino este paquete y se acabó”, díjeme entre los últimos estertores.

Han pasado 72 horas, siendo la primera de ellas la más difícil, lo que no quiere decir que las restantes han sido miel sobre hojuelas.

Tengo claro que una vez consumido un cigarrillo, en la siguiente hora una vez que desaparecen del torrente sanguíneo los compuestos químicos que gatillan la sensación de ¿placer?, sobreviene el deseo de encender el siguiente. Y esa es la tentación que hay que vencer. ¿ Y cómo, si uno tiene asociado el consumo con otros actos o actividades, como el café después de comer o, como en mi caso y lo dije más arriba, al hecho de sentarme frente al compu a escribir? También tengo claro que si hago trampas y doy unas fumadas o algo así, pierdo todo lo avanzado porque la necesidad de nicotina despierta nuevamente potenciada por la abstinencia. O sea, nada de nada. ¡Horror!

Lo que, en mi caso, ha resultado más complicado es erradicar la adicción desde mi mente. Cada gesto asociado al consumo he debido modificarlo o suprimirlo y eso, cuesta. ¿ En que cabeza cabe que deba o pueda reemplazar las varias tazas de café cargado, negrísimo,con que me regalo diariamente, por una manzana?

Pero, vamos adelante. Han pasado 72 horas en que no he consumido nada de tabaco. Mi organismo, a regañadientes lo está aceptando. Los efectos de esta decisión podré comenzar a apreciarlos en un par de años más cuando mis pulmones se hayan regenerado del daño que les provoqué y a partir de allí, el resto de mi humanidad. ¿ Lo malo? Si con mi adicción he provocado algún tipo de cáncer, el que me haya vuelto abstemio no arreglará ese incordio: la cagada ya está hecha, no hay vuelta.

No pretendo ser como esas putas reformadas que predican la castidad, nada de eso. El que quiera fumar, que lo haga, no es mi problema. El mío lo estoy resolviendo y se siente bien.

©  La Consulta de Kurilonko 2015.

 

 

 

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4 respuestas a 72 HORAS SIN FUMAR TABACO.

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. etarrago dijo:

    Enhorabuena y ánimo … yo ya llevo casi 14 años y me va bien, ya soy como tú, los demás que hagan lo que quieran

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    • Gracias, Enrique.
      En alguno de tus escritos, en alguna parte, leí ( o inferí) de la adicción que superaste… y me preguntaba si también sería capaz de adoptar una determinación de ese calado, emprender la travesía del abandono y llevar todo el proceso a buen y satisfactorio término. Hasta este momento voy bien, casi 95 horas sin encender un cigarrillo.
      Una vez que acabe de erradicar los archivos temporales y cookies de adicción.exe, tendré la satisfacción de decir ” Si, pude”.
      Abrazos gigantescos, Enrique, colega en la abstinencia nicotinosa.

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  3. Pingback: SOY UN CANALLA, LO ADMITO. | LA CONSULTA DE KURILONKO

Exprésate, opina; esa es la idea, con una salvedad: si quieres trolear vé a otro lado.

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