Lo que no se sabía: las torturas de los terroristas palestinos a los atletas israelíes en Munich 1972


Tuvieron que pasar 43 años para que Ilana Romano, esposa de Yoseff Romano, levantador de pesas del equipo olímpico de Israel, asesinado junto a los restantes miembros de esa delegación deportiva por el comando terrorista Septiembre Negro en Septiembre de 1972, diera a conocer al mundo el horror inenarrable que sus seres queridos padecieron esa fatídica jornada. La barbarie no tiene nombre, sus ejecutores e instigadores sí.

Señales inequívocas de las agrocidades que tuvieron que padecer los atletas, indefensos, a manos de sus asesinos.

Señales inequívocas de las atrocidades que tuvieron que padecer los atletas, indefensos, a manos de sus asesinos.

“Lo que hicieron fue que le cortaron los genitales a través de su ropa interior y después abusaron de él. ¿Puedes imaginar a los otros nueve sentados alrededor de él, atados? Vieron todo”. Las palabras corresponden a Ilana Romano, la esposa de Yossef Romano, un levantador de pesas que padeció la tortura del comando terrorista que respondía a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) cuando el 5 de septiembre de 1972 irrumpieron en la Villa Olímpica en Múnich para cometer uno de los peores atentados del que se tenga memoria.

Fueron 20 horas de ejecuciones y torturas que recién ahora se dieron a conocer en parte. Fue luego de que Ilana Romano y Ankie Spitzer -esposa del entrenador de esgrima Andre Spitzer- decidieran hablar con The New York Times para contar algunos de los detalles de una historia contada parcialmente desde entonces. Cuando hace 23 años supieron qué había ocurrido en esa fatídicas horas, ambas se comprometieron a no hablar de lo que habían visto tras los ataques terroristas. Las fotos que les habían sido mostradas transmitían el horror padecido por sus maridos. Sin embargo, ahora decidieron sacar a la luz su dolor.

Romano y Spitzer son sólo dos de los familiares de las once víctimas mortales que están dispuestos a describir lo vivido en la Villa Olímpica a manos de los terroristas islámicos. La primera vez que observaron los documentos secretos sobre los hechos fue en 1992. “Las fotografías eran tan malas como podía imaginar”, indicó Romano al diario neoyorquino. Las imágenes no fueron difundidas todavía. Se cree que podrían formar parte del documental que saldrá a la luz a principios del año próximo.

Durante una entrevista con la televisión alemana en 1992 al cumplirse el 20 aniversario del atentado, las esposas de los atletas se quejaron por no saber con exactitud qué había pasado la noche del 5 de septiembre de 1972 cuando ocho terroristas tomaron el control de la Villa Olímpica en Múnich. Días después, una llamada anónima de un presunto agente de inteligencia a Spitzer comenzó a revelarle lentamente la verdad sobre lo ocurrido. Fue entonces que comenzaron a presionar al gobierno de Berlín para que abriera los archivos, donde estaban las famosas fotografías.

Romano, campeón en levantamiento de pesas, fue alcanzado por un disparo cuando el comando terrorista Septiembre Negro -filial de la OLP- irrumpió en las habitaciones de los deportistas. Herido de gravedad fue trasladado al lugar donde los demás rehenes permanecían cautivos, atados. Allí vieron cómo era torturado, castrado y finalmente ejecutado. A otros de los olímpicos los golpearon brutalmente; a los otros, les rompían los huesos.

En la Villa Olímpica murieron Romano y otro rehén. Los otros nueve fueron ejecutados por los radicales durante un intento de rescate frustrado en cercanías del aeropuerto. Fue una matanza.

“Los terroristas siempre señalaron que ellos no fueron a asesinar a nadie. Que sólo querían liberar a sus amigos de las prisiones en Israel. Dijeron que sólo por el torpe rescate en el aeropuerto debieron asesinar a los rehenes, pero no es verdad. Ellos fueron a lastimar a la gente. Ellos fueron a matar”, manifestó Romano.

En su relato a The New York Times, Ilana contó cómo fue enfrentar a sus hijas después de que le fueran reveladas las imágenes de la masacre en la Villa Olímpica y los detalles de la mutilación de su padre. Sólo les dijo que ver esas fotografías fue “difícil” y que por favor no le preguntaran más al respecto. Durante veinte años hizo apenas referencias a lo ocurrido, dejando entrever las torturas padecidas. Sin embargo, nunca les exhibió las cruentas imágenes.

Por protección o por algún otro motivo, las autoridades no quisieron revelar a los familiares todos los detalles de los padecimientos. El reconocimiento de los cuerpos fue hecho sólo de la cabeza, para evitar que vieran la castración en el caso de Romano y los huesos rotos en el de los otros atletas. “Preguntamos por más detalles, pero nos fue dicho, una y otra vez, que no había nada”, señaló Spitzer.

“El momento en que vi las fotos fue muy doloroso. Hasta ese día recordaba a Yossef como un joven hombre con una gran sonrisa. Recordaba sus hoyuelos hasta ese momento. En ese momento, se borró el auténtico Yossi que había conocido”, concluyó Ilana Romano.

 

Fuente:  VISAVIS.COM.AR.

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